Dr. Alfonso Sánchez R. MV, MSc.
Especialista en Reproducción de Animales Pequeños


 




El perro doméstico (Canis lupus familiaris), cuyo ancestro es el lobo, posee una larga historia de cohabitación con el ser humano, datándose su domesticación aproximadamente 14.000 años antes del presente. En el proceso de domesticación, el hombre ha seleccionado características conformacionales o comportamentales, provocando un aumento de la endogamia y uniones consanguíneas con la consecuente disminución del flujo de genes y alelos, aumentando la incidencia de enfermedades genéticas en los ejemplares de raza pura.


Se define criptorquidismo (kryptós, oculto; órkhis, testículo) como la ausencia de uno o ambos testículos en el escroto, entendiéndose también como la retención o el no descenso de los mismos. Esta condición se denomina unilateral o bilateral en función del número de testículos afectados, reservándose los términos anorquia para la ausencia del desarrollo de ambas gónadas y monorquidia cuando solo afecta a un testículo, cabe destacar que estas últimas condiciones son de muy escasa ocurrencia. En los ejemplares de pedigrí se realizan inspecciones oficiales a fin de establecer el normal descenso testicular y autorizar así su inscripción como ejemplares potencialmente reproductores. Además, el criptorquidismo es causal de descalificación en el juzgamiento en pista de competencia.


Para comprender de mejor forma esta anomalía del desarrollo sexual, es importante destacar que durante el desarrollo temprano del embrión XY, las gónadas se forman en un área anatómica próxima a los riñones, es decir en la cavidad abdominal. Luego, producto de la expresión de varios genes a lo largo del desarrollo fetal comienza una migración hacia la profundidad del anillo inguinal. El descenso testicular es precedido por la formación del proceso vaginal, saco peritoneal, que se extiende a través de la pared abdominal y envuelve el ligamento inguinal de los testículos, que junto con el ligamento diafragmático y el mesorquio sostienen los testículos en el feto. El ligamento inguinal, también denominado gubernaculum testis, termina en los rudimentos escrotales, y durante el desarrollo fetal experimenta una importante expansión, la cual contribuirá a traccionar caudalmente los testículos llevándolos hacia el escroto. El proceso completo de descenso testicular involucra tres fases: translocación testicular abdominal, migración testicular transinguinal y migración testicular inguinoescrotal y es a estos mismos niveles donde puede surgir la anomalía, generándose así la posibilidad de retención testicular abdominal, adyacente al polo caudal del riñón; retención en el canal inguinal (anillo interno) o bien externo al canal inguinal, pero craneal al escroto (pre-escrotal). Considerando los modelos de criptorquidismo en otras especies, se postula que las fases del descenso testicular estarían reguladas por genes diferentes.


Si bien existe acuerdo en que el criptorquidismo es una condición hereditaria, el control genético y hormonal del descenso testicular en el perro aun no se comprende cabalmente. No obstante, se acepta que el criptorquidismo canino representa un carácter recesivo autosomal limitado al sexo, es decir es un rasgo fenotípico que se expresa solo en un sexo, aunque el gen que lo determina esté localizado en un autosoma. La incidencia del criptorquidismo es más alta en perros de raza pura y consanguíneos que en perros mestizos. Es más común la retención del testículo derecho. Se ha publicado un alto predominio del criptorquidismo dentro de líneas consanguíneas de Cocker Spaniels y Schnauzers miniatura. Registros internacionales señalan una tasa de prevalencia de criptorquidismo en perros de entre 6 y 12 meses de 13.6/1000 pacientes, señalándose dicha condición como el desorden hereditario más común del tracto reproductivo del macho.


Las mayores consecuencias de los testículos retenidos son la infertilidad y el incremento en el riesgo de desarrollar neoplasias testiculares, estimándose en 12.7/1000 perros/año en riesgo. Se ha publicado que el riesgo de neoplasia en testículos retenidos en abdomen es 9 a 14 veces más alto que en testículos escrotales, siendo los tumores de las células de Sértoli y los seminomas los más comunes. Cabe señalar, además, que el criptorquidismo aumenta la probabilidad de torsión testicular alrededor del cordón espermático en testículos retenidos abdominalmente.


Un aspecto controversial respecto al criptorquidismo, es el diagnóstico, ya que la experiencia de los diferentes especialistas no siempre coincide. En los recién nacidos, los testículos son pequeños, blandos y pueden moverse entre el escroto y el canal inguinal, especialmente cuando el cachorro se estresa. En rigor el descenso testicular se puede producir en el neonato entre los días 3 y 10 del nacimiento, sin embargo este rasgo presenta mucha variabilidad pudiendo identificarse los testículos escrotales en la mayoría de los cachorros a las 6 a 8 semanas de vida. Cabe señalar que en términos amplios no se recomienda hacer el diagnóstico definitivo antes de los 6 meses de edad, ya que los anillos inguinales de la mayoría de los perros se cierran a esa edad en relación con la pubertad, imposibilitando el movimiento de los testículos del abdomen hacia el canal inguinal si esto no ha ocurrido aún. Este último criterio puede ser muy discutible, dado que existen grandes diferencias en términos de la edad a la cual los perros alcanzan la pubertad, recordando que existe una fuerte relación con el tamaño corporal. En términos generales se acepta que las razas de menor talla maduran reproductivamente más temprano que las razas gigantes, con un diferencial que puede ser de varios meses. Basándose en la edad promedio a la pubertad, para cualquier raza, se podría sugerir que aquellos ejemplares que presentan ambos testículos en el escroto dentro de 2 meses de alcanzada la pubertad se pueden considerar normales. Observar descenso testicular sobre el año de edad es muy poco probable.


Otro aspecto muy discutido guarda relación con la posibilidad de realizar algún tipo de tratamiento hormonal. A este respecto resulta importante destacar la posición de las diferentes asociaciones de especialistas que coinciden en que la castración temprana es el procedimiento adecuado, dada la naturaleza hereditaria de la afección. Además, los tratamientos empíricos descritos, raramente arrojan resultados positivos. Entonces desde la perspectiva de la buena crianza lo más adecuado es restringir la reproducción de los individuos criptorquídicos. Un desafío es poder establecer si una hembra es no portadora de genes de criptorquidismo, ya que se requieren varias camadas para ello. Una indicación aceptable es la producción de al menos 40 cachorros normales, para dicha exclusión.


Un avance importante en el conocimiento del criptorquidismo canino se alcanzará cuando los aspectos moleculares y genómicos de desarrollo sexual sean mejor comprendidos, en la actualidad la evidencia sigue indicando el carácter recesivo autosomal limitado al sexo, que presenta esta anomalía de desarrollo fenotípico de los machos. Sin embargo, el modelo de herencia podría ser mucho más complejo, es decir herencia poligénica.