El trastorno de espectro autista (TEA) es una condición neurobiológica con la que nacen 1 de cada 88 a 100 personas y de las personas afectadas, 3 son hombres por cada mujer.


Se caracteriza por una alteración en la capacidad comunicativa y de la integración sensorial, manifestada en intereses restringidos, dificultad en el entendimiento de normas sociales, conductas repetitivas y estereotipadas, lo que lleva a un escaso desarrollo social, comunicativo y emocional. El grado de este trastorno es muy variable y puede ir desde leve (comúnmente llamado Síndrome de Asperger) a un autismo severo. De hecho, es muy difícil encontrar a 2 personas con exactamente el mismo cuadro clínico.

El diagnóstico de esta condición se debe hacer lo más precoz posible (entre los 3 y 7 años), ya que existe abundante evidencia de que el temprano inicio de algunas terapias pueden mejorar ciertas deficiencias (por ejemplo: de lenguaje y motricidad) y sobre todo a compensar la falta de habilidades sociales que necesitarán los niños en la medida que crezcan.

El uso de perros en terapias para niños y niñas TEA, se ha hecho popular en los últimos 10 años, debido a la gran cantidad de estudios acerca de que la presencia e interacción con perros produce beneficios en la salud y bienestar de niños con trastorno de espectro autista y sus familias, al potenciar las habilidades sociales y emocionales, favoreciendo las conductas positivas y reduciendo las negativas como la violencia hacia los demás o hacia sí mismos, generando una mejor condición de vida.

Actualmente los perros se utilizan básicamente en dos tipos de tareas:


a) Asistencia a las terapias ya sea de manera pasiva o activa, permite a los niños trabajar con sus terapeutas de mejor manera reduciendo los niveles de estrés haciendo la sesión más confortable y menos intimidante


b) Servicio a las personas TEA: inicialmente estos perros estaban adiestrados para caminar atados a los niños durante paseos, para evitar la huida durante los paseos. Hoy en día, tienen entrenamientos diversos, por ejemplo para ayudar al niño en tareas del hogar como recoger juguetes, hacer su cama o acompañarlos para hacerlos dormir, hasta en intervenciones físicas si el niño está ansioso, aislado o sufriendo una crisis.


Existe un consenso generalizado en que las mascotas son benéficas para los niños, sin embargo, se debe ser en extremo cauteloso cuando en casa existen chicos o chicas TEA.

Como médico veterinario (y madre de un niño con TEA), lamentablemente muchas veces me he encontrado con familias que deciden tener una mascota sin una adecuada asesoría cuando sus niños manifiestan cualquier tipo de problema, no obstante, lo que era una solución aparente termina siendo un foco de conflicto o tensión adicional, ya que a veces se colocan expectativas muy altas sobre este nuevo integrante y su relación con la familia, no hubo una correcta decisión sobre el tipo o raza de la mascota o no se consideró al resto de la familia en la decisión.

Volviendo a las personas (adultos y niños) TEA, recordar que no todos son iguales y por ende, pueden tener diferentes necesidades, y aunque no hay recetas es importante considerar algunos aspectos importantes:

1. Evaluar juntos a sus terapeutas la conveniencia de agregar una mascota en casa y escuchar sus recomendaciones, basadas en las particularidades de cada niño o niña. Ellos le podrán orientar sobre cuáles son las responsabilidades reales que pueden asumir los distintos integrantes de la familia.

2. Si bien se piensa mayoritariamente en perros, no olvidar que gatos, pequeños roedores, peces, aves, hurones, etc. también podrían ser consideradas. Muchas veces esto depende la edad y del grado de madurez del niño o niña TEA. Considerar también al resto de la familia. Es importante establecer qué tipo de relación se quiere mantener con ella y no olvidar que requerirá gastar tiempo y recursos económicos en una buena mantención, sobre todo si habrá estrecho contacto o es una mascota de altos requerimientos de bienestar ambiental.

3. En general, la edad adecuada para la adopción de mascotas es sobre los 5 años y dependiendo del tipo y/o raza de la mascota elegida, esta edad puede ir aumentando. Por ejemplo, los perros de razas pequeñas son adecuadas para niños de 10-12 años en adelante.

4. No todos los perros son iguales y un perro de terapia es diferente a un perro mascota: Un perro de terapia ha sido seleccionado desde cachorro y se le han enseñado estrategias para ayudar al humano según sea el tipo de asistencia que requiera. Es decir, que un cachorro sea un Labrador Retriever, como la mayoría de los perros de asistencia, no garantiza que sea más adecuado para su hijo o hija. Si bien, cada raza tiene un carácter que ha sido moldeado con el tiempo y podría ser más previsible según su estándar, recuerde que son seres vivos, y "donde hay vida, podrán haber sorpresas". Sin considerar además, que los cachorros son naturalmente más activos que los adultos.

5. No descarte un perro adulto, independiente de su raza, su carácter será más estable y contrario a lo que mucha gente cree, pueden aprender con adiestramiento.

6. Los gatos también son una buena opción: muchas veces se ve a un gato como poco interactivo con la familia, sin embargo, esa puede ser una de sus fortalezas, ya que muchos niños autistas rehúyen del contacto físico o lo aceptan sólo de algunas personas. El gato es paciente, tranquilo y tiene su propio ritmo interior. Ofrece cariño y hace compañía sin apenas molestar. Es un animal de naturaleza reservada que no necesita atención constante pero que está siempre dispuesto a una sesión de mimos. La interacción con el gato ayuda a los niños con autismo a salir de su mundo privado y adentrarse, aunque sea un poco, al mundo de los demás.

Según un estudio realizado por la Universidad de Queensland, los niños autistas que tienen un gato como mascota son más propensos a hablar, mirar a la cara y sonreír. Los gatos ayudan a regular el nivel de ansiedad de estos niños, contribuyen a que se tranquilicen y adquieran mayor autoconfianza.

En definitiva, cada niño y cada familia es diferente y para lograr el éxito y la alegría que involucra la experiencia de adoptar una nueva mascota, requiere de una buena asesoría tanto de los especialistas que apoyan a los niños y niñas TEA, como de su médico veterinario habitual, además, sin olvidarnos jamás del profundo amor y respeto que la propia mascota necesita.


Dra. Lorena Catalán

Médico Veterinario - Universidad de Chile

CLÍNICA VETERINARIA QUILLOTAVET, Quillota, V región