Por M. Victoria Massardo
Aunque su nombre parezca raro, la toxoplasmosis, infección causada por el protozoo toxoplasma gondii, es una de las patologías parasitarias más frecuentes a nivel mundial. Sólo en Chile más del 40% de la población adulta está infectada.
Se trata de una enfermedad que, de no tomarse las precauciones necesarias, puede generar serios riesgos en el organismo, especialmente en las embarazadas y en personas con su sistema inmune deteriorado.
Los daños dependen del tipo de paciente y transmisión (ver infografía). Cuando la infección se produce durante el primer trimestre del embarazo y se transmite por vía transplacentaria al feto, las lesiones suelen ser graves. Es decir, el bebé puede tener importantes secuelas, como microcefalia, hidrocefalia, calcificaciones intracraneales, epilepsia y retraso psicomotor, explica el doctor Arturo Schönffeldt, médico internista de Clínica Santa María.
Los niños con transmisión congénita también pueden sufrir la pérdida de la visión, del oído, retraso mental, o incluso fallecer en casos más severos, agrega el doctor João Lopes, oftalmólogo de la Sociedad Chilena de Oftalmología.
"Aunque la mayoría de los infantes infectados no muestra síntomas al nacer, muchos los desarrollan en períodos tardíos de su vida", dice. De hecho, la toxoplasmosis suele manifestarse entre los 15 y 40 años.
Las personas con su sistema inmune celular deteriorado, como es el caso de los pacientes con VIH positivo o con linfocitos bajos, pueden desarrollar trastornos neurológicos, experimentar convulsiones, parálisis y morir, "aun cuando se haya administrado el tratamiento adecuado", sostiene el doctor Lopes.
En individuos inmunocompetentes o con sistema inmune intacto, la enfermedad es casi asintomática.
"A lo más el paciente tiene un malestar general leve con presencia de ganglios inflamados. Si bien mejora espontáneamente, el parásito queda para siempre enquistado en el organismo", afirma la doctora Erna Cona, infectóloga de Clínica Indisa.
Síntomas y diagnóstico
Los signos generales de la enfermedad incluyen síntomas similares a una gripe leve como fiebre, dolor y presencia de ganglios aumentados de tamaño, entre otras molestias.
No obstante, la inflamación ocular en la parte de atrás del ojo (donde se ubica la retina), es una de las principales manifestaciones clínicas de la infección humana, acota el doctor Lopes.
"Visión borrosa, fotofobia (intolerancia a la luz), dolor ocular y ojo rojo, son algunos de los síntomas que se presentan y, si no se tratan a tiempo, puede llevar a una pérdida significativa de la visión", dice el oftalmólogo.
Por ello, parte del diagnóstico se basa en el aspecto clínico de las lesiones oculares, agrega.
En pacientes que no presentan síntomas , la enfermedad se detecta a través de la presencia de anticuerpos en la sangre por método Elisa o imnunofluorescencia, explica la doctora Cona.
Pero para que el diagnóstico sea aún más certero, agrega, se requiere de la identificación del microorganismo mediante biopsia, cultivo o Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR).
"Estos exámenes son de utilidad cuando se requiere diagnosticar una infección sistémica", añade la especialista.
Terapias según el paciente
El tratamiento depende del paciente, su estado de salud y tipo de infección, entre otras variables. Pero por lo general se utilizan medicamentos, aseguran los expertos.
"Se combinan pyrimetamina sulfonamidas y se administran entre 30 y 60 días. Sin embargo, hay que tener cuidado y su uso debe estar supervisado estrictamente por su médico tratante, porque este tipo de drogas tiene riesgo de toxicidad sanguínea", sostiene la doctora Cona.
Las terapias son efectivas en los grupos de riesgo, pero requieren que sean prolongadas, comenta el doctor Schönffeldt. En el caso de "los fetos y recién nacidos que han sufrido daño orgánico como microcefalia y calcificaciones y que no han sido tratados, las lesiones n
Autor :
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