A los gatos les cuesta adaptarse a nuevos ambientes y somatizan bastante el estrés, por lo que quizás agradezcan quedarse en casa.


Por María Paz Carvajal

Los gatos no son los mejores compañeros de viaje. Son animales territoriales que no gustan de los cambios de ambiente. Bastaría trasladarlos a una casa de veraneo para que se sientan extraños y desadaptados. Y como también son independientes, si algo les desagrada, a veces simplemente se van.

Con tales antecedentes, los veterinarios son más proclives a que los gatos no tengan vacaciones familiares, a menos que estén acostumbrados a salir de viaje desde pequeños. Además, son mascotas que pueden estresarse bastante rápido y con consecuencias nada de inocuas.

El estrés puede ocasionarles lipidosis hepática, ya que si están nerviosos "dejan de comer, bajan de peso y sufren una disfunción en la que el hígado se infiltra de grasa. Con dos o tres días de ayuno o si el gato reduce el 25% de su peso, ya es un factor que predispone altamente a tener esta enfermedad", aclara la médico veterinaria del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, doctora Marcela Valenzuela.

Otro problema que se gatilla con el estrés son los resfríos, generados habitualmente por un virus herpes felino. "Empiezan a tener estornudos, conjuntivitis, secreciones nasales, pierden el apetito y así surge todo un cuadro infeccioso que se reactiva".

Asimismo, se puede empeorar la condición de enfermedades que hasta ese momento tenían bajo control, males como la leucemia viral felina o el síndrome de inmunodeficiencia felina. Incluso, pueden sufrir de cistitis intersticial, lo que genera dificultad, dolor o sangramiento al orinar.

Por eso, la primera opción siempre será dejárselo encargado a alguien que pueda visitarlo cada uno o dos días, para alimentarlo, limpiar las fecas, reponerle el agua y acariciarlo; así no sentirá que la casa está tan sola.

Es importante que el animal conozca desde antes a quien quede de turno. En todo caso, existe en el mercado un producto que contiene un tipo de feromona específica para felinos denominada F4, la cual puede frotarse en las manos de la persona a cargo, para así reducir posibles signos de agresión u hostilidad por parte del animal.

La segunda alternativa son los hoteles. En otros países, como Inglaterra, existen las "gateras", que cuentan con estándares de calidad especiales para este tipo de visitantes. Por ejemplo, los caniles son individuales y del tamaño de una pieza pequeña (1,5 m de ancho por 2,5 m de alto). Allí hay espacio de sobra para instalarle una zona de juego, su área sanitaria, su lugar de comida y sueño, además de repisas en las paredes que les permiten a los gatos saltar y ubicarse a observar el mundo como les gusta, desde las alturas.

La oferta nacional es mucho más limitada. A menudo se les acoge en jaulas de un metro por un metro, en la que se ubica la caja de arena, la comida y uno que otro juguete. Por lo tanto, afirma la especialista en medicina felina, "tampoco es la mejor opción si se trata de una estadía prolongada".

Territorio propio

Si no queda otra que llevarlo a las vacaciones, se pueden adoptar algunas medidas preventivas. Por ejemplo, utilizar otro producto comercial que trae otro tipo de feromona (F3) y que debe aplicarse en la caja de transporte o antes de entrarlo a la casa de veraneo (rociar el lugar dos veces al día durante 1 o 2 semanas). "El animal reconocerá esa sustancia y le hará sentir que está en terreno conocido y eso lo tendrá más tranquilo".

Así y todo, cuidado. "Hay que partir por dejarlo con su caja de transporte abierta en una pieza e ir de a poco abriéndole las puertas de las distintas habitaciones para que vaya explorando el lugar". Jamás dejar abiertas ventanas o puertas que den al exterior; es muy probable que se asome y no se le vea más.

Si es inevitable tener que llevarlo de veraneo con la familia, hay que preocuparse de tomar algunas precauciones.






Fuente: www.

Autor :


Club de Mascotas Bayer (c) 2012 , http://www.clubmascotas.cl/1310